Miércoles Santo en la localidad de Alcalá de Henares. Numerosos fieles se congregan en la ciudad complutense y en sus calles se respira un día más olor a incienso, cirios y azahar. Llegamos al ecuador de una Semana Santa que hoy cumple con sus expectativas y por fin el tiempo da una tregua, siendo un respiro para los fieles, cofrades y nazarenos. Hoy ha sido el turno del Cristo de la Esperanza, que desconfiado ha decidido acortar su camino este año; acompañado de su madre, la Virgen de la Misericordia.
Eran algo más de las siete y media de la tarde cuando abandonaban el Monasterio de Ntra. Sra. de la Esperanza de las RR.MM. Franciscanas de Santa Clara para poner rumbo a su recorrido por las céntricas calles de la ciudad. La imagen del crucificado se caracteriza por el rostro entristecido sobre una talla de madera restaurada. Sin embargo, la talla de la virgen muestra por un lado el dolor más intenso además de la inmensa ternura de una madre: la piedad y misericordia. Madre e hijo recorrían las calles alcalaínas ante cientos de ojos expectantes. Como novedad este año, ambos se reencontraron. El primer encuentro entre los dos tronos tuvo lugar en la Plaza Cervantes en torno a las nueve de la noche. "Todos por igual... al cielo" eran las palabras de ánimo del Hermano Mayor de la Cofradía que unidas a los aplausos de los fieles y la melodía de la "Saeta al Cristo de los Gitanos", de la mano de la Banda de la Concordia de Bilbao, reflejaba la auténtica esencia de una semana grande para conmemorar la pasión, muerte y resurección de Jesús. Este primer acercamiento fue todo un homenaje para el cofundador de la Cofradía, fallecido hace unos meses.
Por su lado, la Virgen de Ntra. Sra. Misericordia seguía las pisadas de su hijo bajo el paso firme de numerosos costaleros y también costaleras. La reconocida Plaza Cervantes fue también el lugar elegido por los cofrades para dedicar una "levantá" a Alejandro, un pequeño sobrino fallecido de una de ellas. "Valientes ahí, vamos a echarle corazón, vosotros sabéis... con cariño" escuchábamos ante el silencio que se respiraba en el ambiente. No nos cabe duda de ello.
Tras cuatro horas de trayecto, llegó el segundo encuentro entre la Virgen de la Misericordia y el Cristo de la Esperanza y el Trabajo, poniendo así punto y final a la procesión. Las hermandades, satisfechas, llegaron a su templo, donde ya cuentan los días para la Semana Santa del próximo año. Esto es cuestión de fe.

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