miércoles, 13 de marzo de 2013

Una huella imborrable

La muerte de Hugo Chávez ha supuesto un punto final para numerosos venezolanos, aunque tan sólo un punto y seguido para muchos otros. Si hay algo que caracterizaba a Chávez, además de su especial talante y carácter, era su personal carisma. Desde 1999 y hasta el fin de sus días se encargó de gobernar en Venezuela, siendo elegido "presidente del pueblo" en repetidas ocasiones. Durante los catorce años que ha estado en el poder, el líder socialista y liberador ha luchado por la soberanía de su país, poniéndose también en el lado de los más pobres y desfavorecidos. La recuperación y el desarrollo social han venido de su mano, de eso no cabe duda. Según datos de la ONU, numerosos logros han sido alcanzados durante la Revolución Bolivariana, así como mejoras en educación y sanidad, reducción de pobreza extrema, mortalidad infantil o igualdad de género. Pero no es oro todo lo que reluce, también tuvo su parte menos destacable queriendo acabar con la libertad de expresión cerrando a su antojo medios de comunicación en Venezuela, cambiando la Constitución, la bandera del país y hasta el huso horario.

Hugo Chávez quería gobernar para siempre y lo hizo hasta el final de sus días. Su arrogancia le delataba, imponiendo su particular visión socialista allá por donde iba. El próximo 14 de abril, una fecha muy señalada ya en la historia, conoceremos quién ocupará su vacío tan difícil de llenar. Como decía el autor de la biografía del líder bolivariano, Nikolas Kozloff, Chávez fue un fenómeno político. Según el actual presidente encargado de Venezuela, Nicolás Maduro, fue un profeta. Querido por muchos y no tanto por otros, lo que es innegable es que ha dejado en todo el territorio sudamericano una huella difícil de borrar.

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